27 de mayo de 2011

Pensaba en lo bonito que es cuando conoces a alguien. Cuando no sabes nada de él. Cuando lo único que tienes es una primera impresión, ese primer contacto, esas primeras palabras que se cruzan, un hola tímido, y poco más. Pero lo mejor viene después. Cuando la cosa empieza a funcionar, cuando aparecen las primeras miradas, y las primeras palabras se convierten en conversaciones sin freno que algún que otro intenta acallar. Y comienzas a darte cuenta, que ese idiota que tenias sentado al lado te está calando hondo. Que las confianzas han llegado hasta puntos extremos. Y que ya no es uno más, sino que es ese, ese exactamente.
Y entonces recuerdas, aquella sensación del primer día, ese miedo que tenias de mirarle a los ojos, esa sensación de incomodidad que ha desaparecido, ese miedo a que la historia volviese a ocurrir…y así ha sido, una vez más: has caído, y has perdido.


1 comentario:

  1. No tiene por qué repetirse las historias, nosotros las podemos cambiar. Besos! :)

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